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A sus 82 años, la ingeniero civil y ex alumna del Santiago College realiza actividades bastante fuera de lo común: practica esquí acuático, ha saltado en paracaídas y es piloto de avión. Tiene tres hijas y siete nietos. La mayor parte de su tiempo la dedica a su familia, especialmente a estos últimos. Con ellos comparte sus hobbies, hace deporte y conversa sobre la vida.

“Denle la oportunidad a las generaciones jóvenes, yo soy muy antigua para estas cosas”, fue la frase que nos repitió varias veces cuando la llamamos para pedirle una entrevista. Nunca estuvo muy convencida de querer hablar sobre ella, sin embargo, luego de varias insistencias la logramos persuadir de que su trayectoria ameritaba ser contada.

La historia de María Artemisa Léniz Regord siempre ha estado ligada al Santiago College. Primero como alumna; luego como integrante del Alumni Association, del cual fue presidenta en dos ocasiones; y posteriormente, como miembro del Consejo Superior, que también presidió en dos oportunidades y todavía sigue integrando.

Proveniente de una familia de puras mujeres y de un colegio que en esa época era solo para niñas ingresó a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Chile. Una carrera con casi nula demanda femenina (había solo cinco en toda la escuela de Ingeniería), en una época en que muy pocas mujeres llegaban a la universidad. Dedicó gran parte de su carrera profesional a trabajar en diseño de obras y proyectos de infraestructura. Fue una de las propulsoras de la idea de hacer al Santiago College un establecimiento mixto, propósito que se llevó a cabo en el año 1972. Asimismo, también fue partidaria del traslado al campus de Los Trapenses, persiguiendo el objetivo de que había que evolucionar para seguir entregando una educación de vanguardia y mantener firme uno de los pilares fundamentales del SC.

Pero no todo ha sido trabajo en su vida. Durante su paso por la universidad conoció a su marido  con el cual tuvo tres hijas y siete nietos. Ellos, le dicen la “mami” y la incluyen en todas sus actividades, especialmente si son deportivas. Practica esquí acuático, es piloto de avión e incluso ha saltado en paracaídas. Es “una abuela 4x4”, dijo su nieta Sofía Bertoni, actual senior del Santiago College. “Yo tengo mamás de amigas que me dicen: ‘Qué suerte que tu abuela sigue manejando’,  y yo pienso: ‘mi abuela es piloto de avión’”, (ríe).

Artemisa forma parte de la agrupación de mujeres piloto, de las cuales alrededor de 20 están activas, incluida ella. Comenzó con esta práctica luego de tener a su última hija, y lleva poco más de 40 años realizándola. Vuela un par de veces al mes –en muchas oportunidades junto a su hija Marcela Bravo, también piloto- y generalmente va a su casa de veraneo en el lago Vichuquén, pero ha llegado hasta Punta Arenas, Arica y Mendoza.

Una de las cosas que ella más agradece al colegio, y que ha sido una de las principales razones de todo lo que ha logrado, es que le enseñó a estar bien parada en el mundo. “La educación que entrega el SC te da las herramientas para saber quién eres y qué puedes hacer. Te hablo un poco por mí, por lo que yo he visto y por lo que sigo viendo en mis nietos que han salido de acá. En no ser pusilánime. Saber que yo soy esta persona, que tengo estas características y estas posibilidades”, enfatizó.

¿Cuáles fueron los valores entregados por el SC que más le han servido en el aspecto profesional y personal?

De todas maneras el ser muy tolerante, el ser respetuoso, el ser perseverante me han ayudado muchísimo, sobre todo en la época de la universidad. Si uno marca un camino con esos principios de repente te transformas un poco en líder. Siempre he considerado un privilegio el haber podido estudiar aquí. La decisión de mis padres, para mi gusto, me calzó perfecto. Creo que junto con lo que ellos me enseñaron, el colegio me entregó mucho también.

¿Qué es lo que más agradece del SC? ¿Las amistades, la educación de excelencia, el inglés…?

Absolutamente todas esas. Mis amigas del colegio las mantengo hasta hoy y constantemente las estoy pastoreando para que nos juntemos. El inglés es básico, me ha servido siempre, uno no se da cuenta cómo se te impregna y después cómo te aflora y puedes desenvolverte. En mi época había muchos profesionales que tenían que aprender inglés cuando empezó todo esto de gestión, manejo y globalización. También, la manera de enfrentar la vida, eso es muy importante.

Eso último me lo han dicho varios ex alumnos que he entrevistado, es una característica que se repite.

Yo creo que sí, y no es que nos hagan una clase, sino que es algo que está en la filosofía del proyecto educativo del Santiago College. Eso es lo que me motiva a mantenerme ligada aquí. Uno ve que esos valores importantes siguen manteniéndose a pesar de todos los cambios, de que llegaron los hombres, que nos trasladamos acá, etc. A mí me pasó varias veces estar conversando con alguien y que te dijera: ‘¿tu estudiaste en el Santiago College?’ ‘Si, ¿por qué?’, ‘Es que ustedes tienen algo que se les nota, y ese algo es bueno’.

¿Era deportista en su época escolar?

Sí. Jugábamos speedball, muy parecido al fútbol pero se podía tomar la pelota con la mano; básquetbol; y también hice atletismo en algún momento. Jugué harto tiempo tenis, después me dio por el golf y ahora esquío en agua y velereo en el lago Vichuquén, y me gusta mucho caminar admirando la naturaleza.

¿Cuál es su hobbie favorito?

Mi hobbie favorito es estar con mis nietos, los encuentro demasiado entretenidos. Tengo dos profesionales: un Ingeniero y un Arquitecto, cuatro universitarios y una que está en el colegio. Compartir con ellos es lo que más me entretiene, me encanta conversar, saber en qué están, qué piensan. Después, volar, claro que sí, me gusta muchísimo. Con mi hija y con una amiga, que piloteamos bastante juntas, siempre armamos paseos.

Hoy nos cambiamos de casa, pero no de colegio, ¿cuáles cree que son esas raíces que en la nueva casa no se deben perder?

Todo cambio te trae incertidumbre, me tocó vivirlas mucho porque estando en el Consejo Superior tuve que participar en la gestión de este cambio a Los Trapenses. Cuando yo estaba de presidenta fue cuando encontramos este terreno, pasaron varios años hasta que pudimos construir. Aquí está la filosofía del colegio exactamente igual que en sus instalaciones anteriores, porque cuando uno se cambia de casa el hogar se mantiene. Indudable que costó acostumbrarse a moverse dentro de este nuevo edificio. Hay mucha gente que dice: ‘No me gusta eso tan recto, ese edificio tan moderno’, pero no se puede dar el gusto a todos. Era imposible hacer la misma construcción de Los Leones y lo peor que uno puede hacer es copiar. El lugar allá era fantástico, pero la ciudad había cambiado, y tal como nuestros antecesores tuvieron la visión de trasladarse desde la calle Agustinas a Los Leones, en 1933, ahora era el momento de dejar a las generaciones futuras un establecimiento que pudiera cumplir con los requerimientos necesarios para entregar una educación de excelencia.

¿Cuáles son los desafíos de la educación del SC en esta época?

Mantenerse a la vanguardia de la educación en el país. Nuestra mirada debe estar hacia afuera, para absorber las experiencias de países que tienen sistemas educativos de alto nivel, de manera de entregar a los alumnos las herramientas para moverse en un ambiente multicultural y globalizado.