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Amigas como hermanas, idas al cine y fiestas los sábados son algunos de los miles de recuerdos de esta ex alumna que estuvo interna durante casi toda su etapa escolar. Hoy nos cuenta anécdotas de este importante período del colegio que -según dice- fueron sus mejores años.

 

Gloria podría estar un día completo hablando sobre cuando estuvo interna en el Santiago College. Para ella son como sus años dorados, una etapa que recuerda como si fuese ayer, con mucha alegría y, a la vez, nostalgia de esa época de su vida tan entretenida que ya no volverá. 

Oriunda de Talca, Gloria Gelmi llegó como interna en sexto básico a un colegio vanguardista para la época y bastante más liberal de lo que solía ser su tradicional familia talquina. A pesar de que pasó casi toda su etapa escolar lejos de sus padres nunca tuvo tiempo para echarlos de menos, rodeada de amigas se sintió siempre muy acompañada. “La convivencia era absolutamente espontánea, nos queríamos tanto porque estábamos todas en el mismo saco. Nos apoyábamos, compartíamos, nos guardábamos los secretos y todas las leseras que hacíamos; era como estar con muchas amigas siempre”, aseguró.

Salió del colegio el año 1963 y entró a estudiar Pedagogía Básica a la Universidad de Chile. Al poco tiempo de haber egresado volvió al Santiago College, pero ahora como profesora, donde, sin darse ni cuenta, hizo clases a alumnos de primero básico durante más de treinta años.

Para Gloria, los recuerdos de la época del internado son infinitos, pero, sin duda, uno de los mejores era cuando trataban de hacer espiritismo en las mesas redondas que había en sus piezas, para que algún alma errante se apiadara de ellas y les soplara las preguntas de las pruebas. O cuando prendían todas las duchas al mismo tiempo, para que el vapor disimulara el humo de los cigarros que fumaban. Otra anécdota muy buena que recuerda era cuando el pololo de su amiga Mariana llegaba en su moto y se paraba en la calle Los Leones -hacia donde daban las habitaciones del internado- y les cantaba canciones a todas. “Mariana sacaba un woky toky todo chicharriento, le pedía canciones y él las cantaba ¡no queríamos más! Un día nos pillaron y nos castigaron por tres fines de semana”, recuerda con risa.

Gloria dice sentirse enormemente agradecida por haber tenido la oportunidad de estudiar en el Santiago College. El saber hablar inglés es una de las cosas que más aprecia, ya que gracias a eso ha podido interactuar con extranjeros y  sacarle el máximo provecho a cada viaje que ha realizado. Pero, sin duda, lo más importante para ella ha sido la autonomía que le inculcaron en la época en que estuvo interna. “La autonomía en la toma de decisiones es una cosa súper importante y que se practica todos los días de la vida”, afirmó.  

- ¿Cómo recuerdas tu etapa escolar?

- Mi época escolar fue súper buena, tengo los mejores recuerdos. Salir a recreo a encontrarme con las amigas y jugar a las bolitas era un panorama increíble. El hecho de ser internas y vivir con las profesoras que nos enseñaban nos daba una cierta importancia, teníamos una  relación distinta, nos saludábamos en los pasillos, compartíamos con ellas en sus piezas.

Todas las fiestas, las celebraciones, el 4 de Julio, el Día del Colegio, Harvest, eran increíbles. Venía gente de afuera y trabajábamos como locas. Son recuerdos que te quedan plasmados y que no se te olvidan nunca más en la vida.

- ¿Cómo era la convivencia con las compañeras en el internado?

- Era absolutamente espontánea, nos queríamos tanto porque estábamos todas en el mismo saco. Nos apoyábamos, compartíamos, jugábamos, nos guardábamos los secretos y todas las leseras que hacíamos; era como estar con muchas amigas siempre. Además, era fantástico porque estábamos divididas por edades. En el primer piso estaban las chicas, que tenían pieza como de a ocho, con sus cunitas para sus muñecas, con todos sus peluches, ¡tú podías llevar todo! Siempre había una profesora que estaba enseñándote a coser, a bordar, a hacerle ropa a tu muñeca, o sea, uno nunca estaba echando de menos, nunca.

- ¿Cómo era el día a día en el internado? ¿Qué hacían los fines de semana?

- Las salidas eran muy estrictas porque tenía que ser solamente con las personas que tus padres habían escogido. Era impensado ir a nuestras casas, el camino era eterno y uno se demoraba mucho en llegar, pero igual el fin de semana teníamos un panorama increíble dentro del colegio. Primero, nos hacíamos la belleza: lavado de pelo y cachirulos; después, el aseo de la pieza, que nos fascinaba porque teníamos la posibilidad –como dormíamos de a dos- de cambiar el mobiliario y ponerlo como queríamos. Siempre el colegio nos dio esa libertad y la capacidad de que nosotros decidiéramos. Después de eso, bajábamos a leer el diario, a buscar las cartas que nos llegaban y nos íbamos al Teatro Las Lilas o al Teatro Oriente, adonde sea que fuese walking distance.

Cuando llegábamos en la tarde nos tenían una once-comida que era ¡genial! Ni en tu casa comías algo igual. Las mesas repletas de cosas ricas, todo era lo más agradable que te puedas imaginar.

- Era como estar en un hotel.

- ¡Sí! Yo ahora pienso: esto era a todo cachete, no entiendo cómo los papás lo podían pagar. Teníamos sala de juego, mesa de ping pong, sala de música con grandes sillones, donde llegábamos todas a una hora con nuestros diarios de vida a pasar la tarde intercambiando fotos de artistas y conversando. Era tan entretenido que incluso venían papás del curso a pedirle a la Mrs. Brown que por favor dejara a su hija pasar el fin de semana con las internas ¡Lo pasábamos tan bien! Éramos un grupete infranqueable.

-¿Como lo hacían para conocer a los hombres, tenían amigos?

- No, en ese tema estábamos absolutamente out. Nos llevaban a ver los partidos de Rugby de los del Grange –que también estaban internos- y ahí conocíamos algunos chiquillos. Además, de vez en cuando, nos traían a los del Grange a bailar el día sábado en la tarde ¡te mueres! Nos poníamos nuestra ropa de salida, nos arreglábamos, nos prestábamos cosas… ¡imagínate lo que podía ser eso! Igualmente, nos llevaban en la liebre con don Tomasito -que en realidad era una cacharra- al Grange a lo mismo. Eso era todo lo que conocíamos. Era un problemón porque cuando teníamos fiestas no sabíamos a quién invitar, siempre teníamos que ir de citas a ciegas, pero no nos preocupábamos tanto de eso, yo creo que éramos mucho más gansas.  

- ¿Cuáles fueron los valores entregados por el colegio que más le han servido en su vida profesional y personal?

- La responsabilidad ante la vida y la autonomía han sido potentes.  La toma de decisiones que aprendí desde chica. Era tan fácil como hago la tarea o no, porque no teníamos a la mamá encima.  La autonomía en la toma de decisiones es una cosa súper importante, porque uno está tomando decisiones todos los días de la vida.

Otra cosa que yo aprendí en el colegio es la solidaridad a rajatabla con todas las personas y bien al estilo Metodista: das con una mano y la tapas con la otra, o sea, sin que nadie sepa, sin hacer ostentación de nada. Eso a mí me ha dado muchos frutos en la vida y muchas satisfacciones, porque lo he cultivado en extenso ayudando a personas, haciendo obras, etc., y eso me nació en el colegio. Compartíamos todo lo que teníamos, porque te llegaba una encomienda y todas íbamos de hacha a ver qué venía en el paquete.

- ¿Cómo definiría a los alumnos que egresan del Santiago College? ¿Cuál cree que es su sello?

- Son personas de verdad: auténticas, completas, que se muestran como son, de fácil adaptación, esforzados, luchadores, tolerantes y con un espíritu de superación único.

- ¿Qué es lo que más agradece de la educación que le dio el SC?

- Que siempre nos enseñaron a dar lo mejor de sí, a tener tenacidad, a esforzarte hasta que te duela. Eso me ha servido en la vida siempre. Creo que el colegio me dio una fuerza increíble para sortear todo tipo de cosas.

También, algo de lo que me he sentido siempre orgullosa es saber hablar bien inglés. Me ha servido mucho cuando viajo, cuando conozco gente extranjera ¡incluso más que mi carrera! Yo siempre doy gracias a Dios por la visión que tuvo mi papá de sacarnos de lo tradicional y ponernos en este colegio internas.

- Hoy nos cambiamos de casa, pero no de colegio, ¿cuáles cree que son esas raíces que en la nueva casa no se deben perder?

- De partida, el school spirit; la importancia que le dan a solidaridad es lo que a mí más me llama la atención y lo que más me gusta. Frente a cada evento el colegio es el primero que está y se mueven todos. Creo que eso es una cosa que no debería perder jamás.